Nuevos Propósitos 2018

por | Ene 8, 2018 | 0 Comentarios

“Año Nuevo, Vida Nueva” Así es como nos gusta tomarnos estas fechas, como un punto de inflexión entre dos periodos: un periodo pasado que nos gustaría cambiar y otro venidero supuestamente lleno de posibilidades.

Con mucha ilusión, hacemos una lista de propósitos de Año Nuevo. Una planificación muy loable, pero no creo equivocarme si afirmo que mi lista de propósitos del año pasado quedó enterrada en el olvido, bajo el peso de la rutina, los hábitos y los meses.

Llega otra vez la Navidad. Ahora nos envuelven las noches más largas del año, pero la Tierra seguirá girando y el sol volverá a hacer crecer los días. Embriagados por las esperanzas de un cambio de etapa, hacemos balance, miramos atrás y nos proponemos un montón de metas que incumplir.

Ponemos la vista en un futuro próximo lleno de promesas de cambios: mejorar nuestra vida, aprender un idioma, hacer más deporte, aprovechar los fines de semana, encontrar un trabajo, ser más cariñoso, perder algo de peso, mejorar las relaciones familiares…

Cuando esos cambios no llegan, nos frustramos y, sorprendentemente, ¡volvemos a hacer lo mismo! Buscamos otra fecha futura para empezar a cambiar: el próximo lunes, la primavera, después de las vacaciones, cuando venga el buen tiempo, tal vez septiembre con el inicio del curso lectivo… Es decir, repetimos aquello que ha quedado demostrado que no funciona.

Para cuando nos queremos dar cuenta, ya es Navidad otra vez: la oportunidad perfecta para iniciar otro ciclo de propósitos de cambios que nunca llegan.

Y así año tras año.

Por eso, este año quería proponeros algo muy distinto, algo totalmente opuesto, para romper el círculo vicioso de prometer, incumplir y prometer más. Consiste en un simple cambio de perspectiva. En lugar de pensar en aquellas cosas que queréis cambiar, me gustaría proponeros que hicierais una lista de todas aquellas cosas que NO queréis cambiar.

Ocurre que olvidamos el significado de la palabra BALANCE. Decimos que “hacemos balance” del año pasado, pero no es verdad, porque un balance, como la propia palabra indica, debe incluir peso a ambos lados: aspectos tanto negativos como positivos.

Tal vez, este año, podemos aprovechar para nivelar la balanza. Vamos a tomarnos un tiempo de reflexión, sentarnos un momento a solas con nosotros mismos, paladear una taza humeante, saborear algún dulce navideño y, lápiz y papel en mano, disponernos a pensar sobre el año pasado. Sin embargo, en esta ocasión, no nos detendremos en todo aquello que nos gustaría cambiar, sino que anotaremos todas aquellas cosas que queremos repetir de 2017.

Pensad en los mejores momentos de 2017. Reflexionad sobre vuestra conducta de entonces, sobre aquello que hicisteis o dijisteis, aquellas acciones que os condujeron a vivir aquellos buenos momentos. Las conductas conducen, como su propio nombre indica. ¿Qué os condujo hasta esos buenos momentos? ¿Qué hicisteis para conseguir vivir aquello?

Por ejemplo, supongamos que una persona quiere dejar de fumar, o quiere acudir al gimnasio 3 veces por semana, o quiere socializar más y mejor durante su tiempo libre. Son metas que ya se ha propuesto otros años, pero que no considera satisfechas. Quizá sean objetivos que, de hecho, sí consiguió materializar en 2017, pero que no duraron todo el año. Tal vez duraron dos semanas, tal vez un mes.

Lo normal es devanarse los sesos tratando de dilucidar en qué fallamos, qué ocurrió para que volviéramos a fumar, por qué dejamos de ir al gimnasio o por qué nos apolillamos en la vida segura y monacal del hogar. Entonces nos proponemos ser de otra manera, cambiar nuestras carencias, nuestros defectos, nuestra falta de voluntad… ¡Y nos lo proponemos año tras año!

Cambiar esta perspectiva inquisitorial supone, en lugar de preguntarnos qué nos hizo fracasar, preguntarnos más bien qué hicimos para conseguir dejar de fumar esas dos semanas, qué hicimos para conseguir ir al gimnasio con regularidad durante un mes, qué hicimos para conseguir salir de casa aquellos fines de semana.

No nos preguntemos en qué hemos fallado, sino qué fue lo que hicimos aquellas veces que conseguimos nuestros objetivos. La clave del éxito será repetir aquello que ha demostrado ser útil y eficaz.

Preguntémonos cómo logramos alcanzar aquellos momentos excepcionales, aquellos momentos en los cuales ese problema que ahora tanto nos preocupa había desaparecido.

Hagámonos conscientes de esas excepciones al problema y, simplemente, repitamos nuestras conductas de entonces, para caminar la misma senda y lograr llegar al mismo punto.

Descubriréis que, siguiendo esta técnica y sin ni siquiera proponéroslo, mucho de lo que no funciona en vuestras vidas desaparecerá por sí solo, porque sencillamente se irá quedando sin espacio. Cuando hacemos mucho de lo que sí funciona, poco tiempo nos queda para hacer lo que no funciona.

Así se concluye una hermosa paradoja: tal vez la única manera de cambiar sea hacer más de lo mismo, de aquello que funciona, y no dejar de hacerlo.

Vicente Bay

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