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Buenos propósitos para año nuevo

por | Dic 31, 2016 | 0 Comentarios

Estamos en unas fechas que el ser humano ha celebrado desde tiempos inmemoriales. Durante el solsticio de invierno, los días empiezan a hacerse más largos. El sol se hace protagonista de nuestros días y la noche mengua. Las plantas convierten la luz del sol en energía mediante la fotosíntesis, para después transformar dicha energía en materia vegetal y crecer. Omnívoros y herbívoros nos alimentamos de las plantas. Carnívoros y omnívoros nos alimentamos de los herbívoros. La importancia del sol, principio activador de esta cadena, no puede exagerarse. Es normal que celebremos la victoria del sol sobre la oscuridad. La vida nos va en ello.

A lo largo de la historia, esta celebración ha tenido diversas formas antropológicas y religiosas. El ser humano, como animal simbólico, es capaz de utilizar representaciones abstractas cargadas de significados. En la cultura cristiana, el nacimiento del sol se representa con el nacimiento de Jesús y los tradicionales belenes. Siempre hubo deidades solares: El Gabal en Siria, Sol Invictus en Roma, Horus en Egipto, Mitra en Persia, Inti para los Incas y un largo etcétera que se extiende a lo largo y ancho del mundo y de la historia. En todos los casos, la simbología es parecida. Se celebra la Navidad, esto es, el nacimiento. ¿Cuál nacimiento? El nacimiento del sol, que nos da la vida a todos y, en este sentido, puede considerarse nuestro dios creador.

Durante la Navidad, en las noches más oscuras y largas del año, el ser humano ha construido una paradoja de felicidad y esperanza. Cuando deberíamos estar más tristes y abatidos que nunca por encontrarnos en el momento estacional más frío, húmedo y oscuro, nos proyectamos hacia el futuro y celebramos la prosperidad que está por venir. Para mí es un legado de la grandeza humana, de nuestra capacidad de supervivencia y de eso que los psicólogos llamamos resiliencia. Antes de que la crudeza invernal marchite todo a nuestro alrededor, nos encerramos en casa con una muestra de vegetación que nos recuerda el buen tiempo y la decoramos con luces y colores. Nos juntamos con nuestros seres queridos, compartimos la comida y damos muestras de cariño y regalos. Cobijados al calor del hogar, esperamos que el sol vaya ganando terreno a la noche y nos dé la vida una vez más. Así es el espíritu de la Navidad.

Navidad significa nacimiento. El sol empieza a renacer poco a poco y, con él, todas las cosas buenas que anticipamos que llegarán. Felicidad y prosperidad en el año nuevo. No es raro que en estas fechas nos embargue también a nosotros, valientes humanos, un espíritu de renacimiento. Al fin y al cabo, estamos “hechos a su imagen y semejanza”. Acompasados con el sol, también nosotros podemos empezar a renacer, un poquito cada día, y vencer nuestros momentos más oscuros. Ahora es el momento de realizar los propósitos de año nuevo. Es momento de mirar al futuro con esperanza, con la seguridad de que el invierno se extingue y el deshielo dará pasó a la primavera. Volveremos a ver los almendros en flor al pie de los caminos, anunciando nuevas cosechas. Volverá la fruta a los árboles, las flores y los pájaros cantores.

Unos consejos para realizar nuestros propósitos de año nuevo y encaminarnos hacia nuestra primavera particular:

  1. Deben ser importantes para nosotros, no sólo para los demás. Nuestra propia escala de valores es la más poderosa para motivarnos a cambiar.
  2. Los propósitos concretos y específicos son más efectivos. Por ejemplo: “vivir una vida más sana” es demasiado abstracto y seguramente se perderá con el tiempo sin llegar a objetivarse. Es mejor: “salir a dar un paseo todas las mañanas”. Cuanto más verificable sea, mejor. De esa manera, podremos saber sin ambigüedad si lo estamos cumpliendo o no.
  3. Plantear la presencia de algo, y no una ausencia. Las fórmulas como “no hacer tal cosa” o “nunca más hacer esto”, no suelen funcionar. Es muy difícil “no” hacer las cosas. Mejor plantearse “hacer cosas” que “dejar de hacerlas”. Por ejemplo, en vez de “discutir menos con mi pareja”, un objetivo plausible sería “abrazar a mi pareja cada vez que llegue a casa”.
  4. Contruir alternativas de conducta. Si hay una conducta que queremos cambiar, generemos otra que sea incompatible. En lugar de intentar “no perder tanto el tiempo viendo la tele”, podemos “apuntarnos a alguna actividad por las tardes”.
  5. Que nuestros propósitos sean un comienzo sencillo, y no un fin absoluto. Esto significa descuartizar los objetivos difíciles en pequeños pasos más pequeños. Si tenemos un problema de obesidad, en lugar de “perder 10 kilos este año”, mejor será “perder 400 gramos cada dos semanas”, y aún podremos repartir un mes de vacaciones durante el año 🙂
  6. Que sean realistas y alcanzables en nuestro contexto. Ajustemos nuestras expectativas para garantizar el éxito en lo posible. Las personas inteligentes se ponen metas intermedias, ni muy fáciles ni muy difíciles para ellos.
  7. Tener claro que nos va a costar trabajo. Los propósitos siempre cuestan un trabajo, no seamos ingenuos. Debemos mentalizarnos de que vamos a trabajar duro. Tenemos que estar un poco atentos y esforzarnos. Sin estresarnos, pero sin tampoco relajarnos demasiado.

¡Feliz Navidad, feliz año y feliz renacimiento! Sed buenos, pero lo justo. Los reyes magos no vigilan todo el rato 😉

Vicente Bay