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Coronavirus: un mensaje de tranquilidad y responsabilidad

Ante tanta alarma social generada por los medios, y también por el gobierno, es recomendable y necesario que los profesionales sanitarios ofrezcamos también un mensaje de tranquilidad basado en datos reales. Nada más tranquilizador que la verdad objetiva, sin sensacionalismos ni tampoco ingenuidad optimista.

En primer lugar, hay una confusión bastante extendida entre los distintos términos que se usan para referirse a la pandemia. Vamos a intentar aclararla:

  • Coronavirus: es el nombre de una extensa familia de virus, la cual lleva ya mucho tiempo entre nosotros generando todo tipo de enfermedades respiratorias, como por ejemplo el resfriado común.
  • SARS-CoV-2 (acrónimo de Síndrome Agudo Respiratorio Severo y COronaVirus): es el nombre concreto del coronavirus específico que estamos combatiendo en esta pandemia.
  • COVID-19 (acrónimo de COronaVIrus Desease –enfermedad, en inglés– 2019): es la enfermedad descubierta en 2019 asociada al virus, que puede desarrollar, o no, la persona infectada con el virus SARS-CoV-2. La enfermedad cursa con fiebre, cansancio y tos seca, principalmente.

Por lo tanto, es importante entender que infectarse con el virus SARS-CoV-2 no significa necesariamente desarrollar la enfermedad COVID-19. Sería el mismo ejemplo con el VIH y el SIDA: que una persona se infecte con VIH no implica que desarrolle el Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida. La aparición final del SIDA o de COVID-19 dependerá de los factores de riesgo implicados, como la posibilidad de acceso a tratamiento médico o la salud general del paciente.

No obstante, existe una diferencia importante entre los dos ejemplos. Ante el VIH no generamos anticuerpos y, una vez infectados, tenemos que tratarnos con antiretrovirales de por vida para no desarrollar el SIDA. Sin embargo, ante el SARS-CoV-2 nuestro sistema inmunológico sí responde, desarrollando anticuerpos y generando inmunidad a la enfermedad COVID-19, como ya están demostrando los estudios científicos.

Esto significa que, una vez contagiados por el virus, nuestro sistema inmune entra en una batalla de la cual, si es lo suficientemente eficiente, saldrá victorioso sin que lleguemos a desarrollar la enfermedad, y manteniéndonos, por lo tanto, asintomáticos (lo cual no significa que no podamos contagiar el virus). Por ello, las personas inmunodeprimidas, como los ancianos, los enfermos o las embarazadas, son la verdadera población de riesgo, exactamente igual que ante cualquier otra enfermedad.

Así se explica que, cuando se habla de la letalidad del virus, que Italia por ejemplo sitúa alrededor del 6 %, se habla en realidad de letalidad de la enfermedad. Esto significa que en Italia han fallecido el 6 % de los pacientes diagnosticados con la enfermedad COVID-19, y no el 6 % de los contagiados por el virus SARS-CoV-2, que obviamente es un número de personas mucho mayor, el cual no se puede calcular, porque muchos no llegamos a contraer la enfermedad. Teniendo esto en cuenta, desciende de forma muy considerable el dato real de la letalidad del virus.

Para corroborar esta lógica están los datos. Según el último informe epidemiológico publicado por el Instituto Superior de Salud italiano a día de hoy, la media de edad de los pacientes fallecidos es de 80 años. A día de publicación del informe, habían fallecido en Italia dos personas menores de 40 años, un hombre con enfermedades psiquiátricas, obesidad y diabetes, y una mujer con enfermedades neoplásicas previas. Según estos datos, la letalidad de la enfermedad (no del virus, insistimos) por debajo de cuarenta años sería del 0,2 % (la letalidad del virus sería mucho menor). Y en menores de 30 años, encontramos un rotundo 0 %.

Hablando de datos, recordemos que en la temporada de la gripe de 2017-2018, cerca de 800.000 personas padecieron esta enfermedad (contagiados por el virus de la gripe serían muchos más, insistimos en esta diferenciación nuevamente), unas 52.000 personas fueron hospitalizadas y, finalmente, murieron 15.000 personas. Esto sólo en España. Si todos estos datos se hubieran retransmitido en directo minuto a minuto, como se está haciendo ahora con el coronavirus, la sensación de alarma generalizada hubiera sido tremenda.

Entonces, si el virus SARS-CoV-2 no es tan letal, ¿por qué se están tomando tantas medidas? Una vez más, insistimos en la misma explicación que ya ofrecimos en artículos anteriores: porque se trata de un virus muy contagioso, mucho más que el de la gripe, con una gran capacidad para colapsar cualquier sistema sanitario, por el número de gente que enferma al mismo tiempo.

A partir de aquí, tenemos que entender lo que significa el colapso sanitario. Un sistema sanitario colapsado limita la asistencia sanitaria de cualquier persona independientemente de la enfermedad que tenga. El primer ejemplo está en las Unidades de Cuidados Intensivos. La asistencia sanitaria de las UCI no sólo la reciben las personas con COVID-19 que están en estado crítico, sino también personas con otras patologias como infartos de miocardio, emergencias hipertensivas, aneurismas, embolias pulmonares, estados de coma, hemorragias intracraneales, meningitis con compromiso respiratorio, traumatismos craneoencefalicos, estatus epilepticos, fallos hepaticos, pancreatitis, hemodialisis, shocks sépticos y un conjunto muy amplio de patologias en estado severo.

Otro ejemplo claro son las unidades de urgencias hospitalarias, que tienen que atender a todas las personas que lleguen solicitando una evaluación clínica ante un problema físico o mental, leve, grave o muy grave, que la persona necesite tratar. Si estas unidades están desbordadas, cuando llegue ese momento donde no se pueda tratar de manera eficiente a una persona más, va a haber que decidir quién recibe asistencia y quién no, provocando que muchas personas enfermas mueran. Personas que pudiendo recibir el tratamiento medico adecuado tendrían la oportunidad de vivir. Una simple apendicitis es mortal sin tratamiento quirúrgico.

Muchos servicios sanitarios de todas las especialidades médicas, ante la situación actual y para poder hacer frente a la emergencia, han tenido que suspender o minimizar sus servicios. Innumerables pacientes están padeciendo de manera indirecta la situación sin poder recibir tratamiento para sus dolencias. Así que el colapso sanitario de una u otra manera nos afecta a todos. Para que esto no ocurra, tenemos que hacer una llamada a la responsabilidad individual y colectiva de los ciudadanos y seguir las indicaciones que las autoridades sanitarias y administrativas nos están solicitando.

Como conclusión, quedémonos en casa por civismo y por responsabilidad.

Os dejamos el enlace oficial de la OMS con información contrastada para prevenir la pandemia. No hace falta más información:

https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses

Mucho ánimo para estos días y recordad que estamos a vuestra disposición.

Vicente Bay  y Lorena Fernández