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La pandemia del coronavirus sigue acechándonos y condicionando nuestras vidas de un sinfín de maneras. ¿Nos contagiaremos? ¿Contagiaremos a nuestros seres queridos? No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que tenemos miedo y, en base a ello, tratamos de protegernos. ¿Nos permite el miedo razonar con claridad, calcular probabilidades realistas, tomar decisiones adecuadas? Reflexionemos sobre ello.

¿Está el ser humano preparado para razonar a base de probabilidades?

Por suerte o por desgracia, no vivimos en un mundo de certezas. Estamos obligados a convivir con la incertidumbre. El mundo que habitamos está lleno de peligros y a cada momento tomamos decisiones para tratar de mantenernos a salvo. ¿En qué basamos estas decisiones? Nos basamos en un tosco cálculo de probabilidades que nuestro cerebro, dentro de sus limitaciones, trata de poner en claro.

En la actualidad, la inusitada avalancha de noticias sobre el coronavirus nos mantiene en una continua alerta, un miedo que se manifiesta independientemente de los datos: por ejemplo, una señora puede vivir aterrada frente al televisor, sin atreverse a salir de casa, en un pueblo remoto donde no ha habido ningún caso de coronavirus, ni probablemente lo vaya a haber nunca.

En otros casos, sí está justificado el miedo, como pueda ser en las residencias de ancianos con escasos medios donde aparece un brote de síntomas compatibles con COVID-19. El miedo en ese caso, tanto para residentes, como para familiares y trabajadores, será adaptativo y hará más probable tomar decisiones acertadas para protegerse.

En definitiva, tenemos que aprender a realizar un correcto razonamiento probabilístico que ajuste nuestras emociones a la realidad particular que cada uno de nosotros vive, con el fin de protegernos en su justa medida, sin hacer más sacrificios de los razonables.

Objetivo: vivir de forma probablemente segura

¿Por qué decimos “probablemente” segura? Porque, como decíamos al principio, vivimos en un mundo de incertidumbres y tenemos que aprender a convivir con ello.

No vamos a estar nunca seguros al cien por cien, ni en lo que respecta a este coronavirus ni en lo que respecta a ninguna otra cosa. Conviene asumir que la realidad es incierta. Si uno sale a la calle, le puede atropellar un coche. En 2018, hubo en España 130.000 accidentes viales con víctimas, entre fallecidos, heridos graves y leves (sin víctimas, serían muchos más) [1]. No obstante, quedarse en casa tampoco es más seguro: 1.7 millones de españoles sufrió un accidente doméstico en 2011; este tipo de siniestralidad, por cierto, supone la cuarta causa de muertes en Europa [2].

Por lo tanto, maximizar la seguridad está bien, es un objetivo loable y deseable, pero siendo siempre conscientes de que no podemos alcanzar una seguridad plena de ninguna manera, ya que somos seres biológicos y, por lo tanto, vulnerables. Recordemos que la probabilidad de morir estando vivos es del 100 %. Como dice el refrán español: “En cien años, todos calvos”.

En el debate de la seguridad, siempre tenemos que considerar un equilibrio entre los costes y los beneficios. ¿Estaríamos más seguros si condujéramos nuestros coches con casco y a 20 km/h como velocidad máxima? Se salvarían vidas, sin duda. Cada año muere más de 1 millón de personas en el mundo por accidentes de tráfico [3]. No obstante, ¿estaríamos dispuestos a tomar todas esas medidas? ¿Qué costes derivados tendría tanta lentitud de transporte para el funcionamiento de nuestra sociedad? ¿Dónde está el límite razonable en las medidas de seguridad?

Coronavirus seguridad

Algunos datos sobre el coronavirus que nos permitirán realizar un correcto razonamiento probabilístico

Recordemos que el SARS-CoV-2 es un virus que se transmite a través de las vías respiratorias y que produce una enfermedad respiratoria llamada COVID-19.

Para estimar nuestro peligro real de contagio, primero tenemos que conocer cuál es la incidencia del virus en nuestra zona. El número de contagiados depende del número de pruebas diagnósticas que se realicen, por lo tanto no es un dato fiable. Nos podemos fiar más del número de ingresados en hospitales, del número de personas en UCI y del número de fallecidos en nuestra región, porque estos números sí son comparables en el tiempo.

Para infectar, el virus debe realizar un viaje considerable: salir de unas vías respiratorias infectadas, sobrevivir en suspensión en el aire y alcanzar otras vías respiratorias con suficiente energía y en número bastante como para superar el sistema inmune del nuevo huésped, esquivar el resto de las defensas, atravesar las capas epiteliales y llegar a las células mucosas, con la finalidad de penetrarlas y conseguir replicarse en su interior hasta formar una colonia. Cada uno de estos sucesos tiene una probabilidad de ocurrencia asociada y el producto de todas estas probabilidades nos da la probabilidad de contagiarnos estando en contacto con un infectado. Viene a ser como poner en fila muchos trozos de queso suizo al azar y que coincidan los agujeros para lograr mirar a través de ellos.

Una vez que la persona tiene el virus, para que desarrolle la enfermedad COVID-19 habría que hacer un nuevo cálculo de probabilidades, porque no es lo mismo tener el virus que estar enfermo. Factores como la edad y la salud general de la persona afectarán a este cálculo de probabilidades. Cuanto más joven y mejor salud, menos probabilidades de contraer la enfermedad, aunque el virus haya colonizado nuestro organismo. Podemos convivir con el virus perfectamente en equilibrio con nuestro sistema inmune, sin desarrollar la enfermedad. De hecho, eso es lo que hacemos con todos los virus que nuestro sistema inmune alguna vez combatió: muchos siguen con nosotros, conviviendo en colonias que están en equilibrio con sus anticuerpos correspondientes.

¿Cómo podemos aumentar la probabilidad de estar seguros ante el coronavirus sars-cov-2?

El hábitat del virus son las vías respiratorias y a través de ellas se transmite. La probabilidad de contagio aumenta en la medida en que entren en contacto los productos segregados por vías respiratorias infectadas con unas vías respiratorias sanas. Estos productos segregados infectados pueden ser, o bien gotículas expulsadas al toser o estornudar, o bien aerosoles que se expelen al hablar y, sobre todo, al gritar o cantar. Por eso las mascarillas son barreras eficaces en la transmisión del virus.

Como decíamos, el virus debe viajar de unas vías respiratorias a otras. Sin contacto directo (besos en la boca, compartir un vaso, usar un grifo infectado y luego hurgarse la nariz…), este viaje lo debe realizar el virus por el aire. Por lo tanto, en el aire está la clave para contagiarnos o no contagiarnos. Y es aquí, en el aire, donde tenemos que concentrar nuestros cálculos de probabilidades, para tratar de estar probablemente seguros.

Hay dos variables concretas e importantes que, a medida que aumenta su valor, hacen más probable el contagio por coronavirus (y por cualquier otro virus):

  • La carga viral: a mayor carga viral en el ambiente, mayor probabilidad de contagio.
  • Tiempo de exposición: a mayor tiempo de exposición en un ambiente infectado, mayor probabilidad de contagio.

Atendiendo a estas dos variables, podemos deducir la mejor prevención contra el coronavirus: una buena ventilación del ambiente y, cuando esto no es posible, distancia social o el uso de mascarillas apropiadas.

Sabemos que los contagios en exterior son alrededor de 20 veces menos probables que en interior. Esto se debe a que en la calle, la playa o el campo, al estar el aire en continuo movimiento, la carga viral del ambiente es muy baja y el tiempo de exposición disminuye también. Más del 95 % de los contagios se produce en interiores, según diversos estudios [4]. Esto nos da una idea de lo poco que protege, en términos probabilísticos, llevar la mascarilla en exteriores. El mayor peligro está en interiores hacinados y poco ventilados.

Los lugares mal ventilados y llenos de personas son los menos seguros (por ejemplo, discotecas, lugares de ocio donde las personas se encuentran hacinadas, cantando y gritando). Además, si las personas allí congregadas son vulnerables, por edad o por enfermedad, más peligroso todavía (las residencias de ancianos serían el ejemplo paradigmático de lugar propicio para el contagio: poca ventilación, hacinamiento y sistemas inmunes poco eficientes).

Por lo tanto, podemos sentirnos probablemente seguros tanto en exteriores como en interiores bien ventilados, así como en lugares poco concurridos en general, porque habrá poca carga vírica y el tiempo de exposición será bajo. ¿Significa esto que estaremos completamente seguros? No, por supuesto, como no lo estamos en ninguna otra circunstancia. Sin embargo, sí estaremos probablemente seguros, lo cual es un objetivo más sano y realista.

Conclusión

En nuestro cálculo final de probabilidades, para sentirnos seguros frente a la amenaza del virus, podemos incluir las siguientes variables:

  • Incidencia de la COVID-19 en nuestra región (número de ingresados en hospitales, saturación de las camas de UCI, fallecidos diarios…): a mayor incidencia, mayor precaución.
  • La edad: a mayor edad, mayor precaución (máxima precaución por encima de los 75 años).
  • Patologías previas (obesidad, diabetes, enfermedades respiratorias, cáncer…): a peor salud, mayor riesgo.
  • Tiempo de exposición en lugares poco ventilados y concurridos: reducirlo en la medida de lo posible.
  • Protección personal (distancia social, uso de mascarilla e higiene de manos): actuar con responsabilidad sin llegar a ser obsesivos.

Manteniendo en la cabeza estas sencillas variables y sabiendo que todas suman, podemos sentirnos probablemente seguros y relacionarnos con la amenaza del virus de forma psicológicamente más sana, a través de un razonamiento probabilístico realista y realizando procesos de toma de decisiones ajustadas a la situación, sin paralizar innecesariamente nuestras vidas y sin aumentar el malestar psicológico de forma irracional.

 

Fuentes:

[1] http://www.dgt.es/es/seguridad-vial/estadisticas-e-indicadores/accidentes-30dias/tablas-estadisticas/

[2] https://www.mscbs.gob.es/gabinete/notasPrensa.do?id=2714

[3] https://www.who.int/features/factfiles/roadsafety/es/

[4] https://elcentinel.blogspot.com/2020/05/contagio-de-covid-19-en-exteriores-cual.html