Tratamiento de los trastornos relacionados con el estrés y el trauma en Oviedo, Gijón. Asturias

Trastornos relacionados con el estrés y el trauma

Tratamiento de los trastornos relacionados con el estrés y el trauma en Oviedo, Gijón. Asturias

El estrés es el proceso biológico que se activa cuando nos encontramos ante una situación que supera nuestros recursos o pone en peligro nuestro bienestar personal. Aunque el proceso del estrés tiene popularmente una connotación negativa, en realidad, el estrés es un mecanismo que nos ayuda a adaptarnos a nuestro entorno.

Cuando nos encontramos ante un suceso que requiere una mayor demanda de recursos se produce la experiencia de estrés. Un claro ejemplo lo encontramos en los periodos de exceso de trabajo. En este caso, necesitamos que nuestro organismo incremente la actividad para poder afrontar la situación.

En este sentido, el afrontamiento que hacemos de las diferentes situaciones de estrés va a depender de varios factores:

  1. Las características del propio suceso. No es lo mismo experimentar una ruptura sentimental, el nacimiento de un hijo o un despido laboral. Los sucesos o estímulos que pueden generar estrés se clasifican en sucesos vitales, estresores diarios, estresores crónicos y eventos traumáticos.
  2. La percepción personal que hacemos del propio suceso. La valoración del acontecimiento marcará la estimación del peligro o amenaza que supone el suceso para nosotros. No todas las personas valoran como amenazantes ni peligrosas las mismas experiencias.
  3. La respuesta que desarrollamos ante el suceso acontecido. Esta respuesta no es solamente fisiológica (activación del sistema neuroendocrino), también lo es emocional (miedo, sorpresa, ira, felicidad, etc.).
  4. Las estrategias o recursos que tenemos para hacer frente a la situación de estrés. Estos recursos pueden ser de diferentes clases, como nuestra capacidad de gestión emocional, el apoyo social, rasgos de personalidad y estado de salud.

Dependiendo de todas estas características, conseguiremos adaptarnos de una manera mas o menos exitosa y tendrá diferente repercusión en nuestra vida.


¿Cuándo empieza el estrés a ser un problema para nuestro organismo?

Cuando no somos capaces de afrontar la situación o estímulo que nos demanda un aumento de recursos o que amenaza nuestra integridad, la situación estresante puede tener consecuencias negativas para el organismo.

Seyle (1956) definió tres en fases la respuesta de estrés mantenida en el tiempo denominado síndrome de adaptación general (SGA):

  1. Reacción de alarma. Es la reacción inicial que tiene nuestro organismo cuando se ve expuesto de manera repentina a un estimulo o situación para la que no está preparado. En esta fase se activa el sistema neuroendocrino para hacer frente a la demanda surgida.
  2. Etapa de resistencia. Es la etapa donde se produce la adaptación a la nueva situación o estimulo estresante. Si esta adaptación se logra, se produce una desactivación del sistema neuroendocrino para volver a la normalidad.
  3. Etapa de agotamiento. Si no se produce la adaptación al estresor o se pierde la adaptación anteriormente conseguida por una exposición prolongada al estresor, aparece el agotamiento del organismo y con esto la enfermedad.

¿Qué son los sucesos vitales estresantes?

Los sucesos vitales estresantes son experiencias que provocan cambios en nuestra vida diaria. Son experiencias como la enfermedad, el fallecimiento de familiares y amigos, el nacimiento de un hijo/a, el despido laboral, las rupturas familiares o los problemas económicos y pueden aparecer a lo largo de toda una vida, de hecho, los momentos de estrés son consustanciales a la propia existencia. Ningún ser vivo está exento de ellos.

Estos acontecimientos estresantes suelen venir acompañados de un proceso de adaptación o reajuste a las nuevas circunstancias. Cuando pasados los tres primeros meses, a contar desde el inicio del suceso estresante, la persona experimenta malestar emocional de manera desproporcionada, es decir, un sufrimiento que lleva a la persona a un deterioro social, laboral y funcional, hablamos de un trastorno adaptativo. Con los trastornos adaptativos aparecen síntomas de ansiedad, depresión e insomnio, los cuales pueden convertirse en trastornos propios si los síntomas continúan en el tiempo, requiriendo tratamiento psicológico.

¿Qué son los estresores diarios?

A lo largo del día podemos sufrir ciertas contrariedades o microeventos que se experimentan de manera esporádica en nuestra rutina diaria y que nos crean cierto malestar. Estas demandas pueden ser irritantes, frustrantes y muy estresantes, como perder cosas, encontrarnos en un atasco de tráfico o las discusiones laborales y familiares puntuales. Sin embargo, la acumulación de estas experiencias negativas diarias está asociada a un mayor impacto sobre la salud.

Los estresores diarios se diferencian de los sucesos vitales en su frecuencia. Los sucesos vitales suelen acontecer de manera puntual, sin embargo, los estresores diarios pueden ocurrir de manera habitual. No todos los días perdemos nuestro puesto de trabajo, pero sí puede que todos los días nos encontremos en un atasco de tráfico. Dependiendo del acontecimiento se puede observar una estrecha relación entre los sucesos vitales y los estresores diarios, pues algunos sucesos vitales desencadenan posteriormente situaciones de estrés cotidiano, como puede ser el nacimiento de un hijo y sus cuidados posteriores.

¿Qué es el estrés crónico?

Cuando el estrés experimentado se mantiene en el tiempo termina cronificandose. El estrés crónico puede ser el resultado de estresores cotidianos que no se atienden o no se manejan adecuadamente. Los estresores crónicos suelen iniciarse de manera gradual, mantienen una continuidad en su curso y son impredecibles en su final. Las consecuencias del estrés crónico son graves, particularmente porque éste contribuye a la ansiedad y la depresión.

El estrés crónico está relacionado con los conflictos interpersonales que se dan en ambientes laborales (sobrecarga laboral, presión laboral con un exceso de responsabilidades, así como la ambigüedad sobre el trabajo a realizar), familiares (cuidado de enfermos dependientes y conflictos entre distintos miembros de la familia) y problemas socioeconómicos que la persona puede vivir (residencia en barrios conflictivos, la economía familiar o enfermedades crónicas).

El estrés crónico tiene consecuencias para nuestro organismo. Se ha relacionado el estrés con problemas neuroendocrinos (alteraciones hormonales), cardiovasculares (presión arterial alta y riesgo cardiovascular), musculoesqueléticos (dolores musculares), y otras afecciones (migrañas, problemas de respiración, problemas dermatológicos). También ha sido asociado a problemas psicológicos como los trastornos de ansiedad, depresión e hipocondría.

¿Qué son los eventos traumáticos?

Cuando los acontecimientos que experimentamos son excepcionalmente amenazadores para nuestra supervivencia o la de otras personas (violaciones, abusos sexuales, secuestros, ataques violentos, combates, torturas, accidentes con víctimas, actos de terrorismo o desastres naturales) y sufrimos temor, desesperanza u horror intensos, entonces nos encontramos ante sucesos potencialmente traumáticos.

Los traumas son especialmente graves cuando son provocados por otro ser humano, como es el caso de los abusos sexuales, maltrato físico y psicológico. Cuanto más cercano sea a nosotros el abusador, más traumático resulta el suceso y mayor es el daño psicológico.

En el trastorno de estrés postraumático, pasado un tiempo del suceso ocurrido, experimentamos recuerdos angustiosos, involuntarios e intrusivos, como pesadillas o flashbacks. También pueden aparecer estados disociativos (desrealización o despersonalización), malestar psicológico intenso y/o respuestas agudas de tipo fisiológico, como la ansiedad. Además, nuestra respuesta conductual a estos síntomas es la evitación. Tratamos de evitar recordar lo sucedido, como por ejemplo evitando regresar al lugar o zona donde los hechos ocurrieron. Predomina el estado de ánimo negativo (miedo, ira, culpa), la falta de interés en la realización de actividades, hipervigilancia, falta de concentración e irritabilidad constantes.

Estos síntomas suelen aparecer inmediatamente después del trauma. Si duran menos de un mes estamos hablando de un trastorno por estrés agudo, que es una forma menor que suele anteceder al trastorno por estrés postraumático. Si, por el contrario, los síntomas persisten más de un mes y se complican como hemos explicado más arriba, estaríamos hablando ya propiamente de un trastorno de estrés postraumático (TEPT). En este segundo caso, el TEPT no remitirá por sí solo y necesitará tratamiento psicológico.

 

¿Cuál es le mejor tratamiento para el TEPT?

La elección del tratamiento vendrá determinada por la evaluación psicológica previa que permita conocer la experiencia del propio trastorno, su sintomatología, las alteraciones cognitivas relacionadas y las comorbilidades con otros trastornos mentales.

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es uno de los tratamientos de elección para el TEPT. Dentro de esta perspectiva no encontramos con la terapia de exposición, la terapia cognitiva, entrenamiento en inoculación del estrés, así como las técnicas de relajación y el EMDR.

Respecto a las Terapias de Tercera Generación también han mostrado eficacia contrastada para el tratamiento del TEPT, terapias como el Mindfulness o la Terapia de Dialéctica Conductual (DBT), buscando la integración y aceptación del síntoma y no tanto su modificación.

En otros casos donde el trauma esté relacionado con una experiencia de abusos sexuales en la infancia habrá que evaluar si esta experiencia ha desencadenado un Trastorno de Personalidad (TP), como ocurre habitualmente con el Trastorno de Personalidad Límite (TLP). En estos casos, la terapia debe focalizarse en realizar cambios en la personalidad disfuncional. La terapia de elección entonces tendría que ser de corte psicodinámico para trabajar cambios más profundos. La Terapia Basada en la Mentalización es la terapia de elección en estos casos.

- American Psychiatic Association (2014). Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5th Ed.) Madrid: Editorial Médica Paramericana.
- Belloch, A., Sandín, B., y Ramos, F. (2020). Manual de psicopatología, vols I y II. Madrid: McGraw-Hill.
- Caballo, V., Salazar, I., y Carrobles, J. A. (2014). Manual de psicopatología y trastornos psicológicos. Madrid: Pirámide.
- Sandín, B. (2008). El estrés psicosocial: conceptos y consecuencias clínicas. Madrid: Klinic.
- Van Der Hart, O., Steele, K., y Boon, S. (2018). El tratamiento de la disociación relacionada con el trauma. Bilbao: Descleé de Brouwer.
- World Health Organization. (1992). The ICD-10, Classification of Mental and Behavioural Disorders. Clinical Descriptions and Diagnostic Guidelines. Geneva.

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